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La alopecia androgenética, a menudo denominada calvicie de patrón masculino o femenino, es la forma más común de pérdida de cabello en hombres y mujeres. Es principalmente genética y se desencadena por la interacción de factores hereditarios y andrógenos, un grupo de hormonas entre las que se encuentra la testosterona. Con este tipo de caída del cabello, se produce un cambio gradual en los folículos pilosos, que se encogen bajo la influencia de la dihidrotestosterona (DHT), un derivado de la testosterona. Como resultado, el pelo se vuelve más fino, tiene una vida más corta y, finalmente, el folículo piloso se vuelve tan pequeño que no se produce pelo nuevo.
En los hombres, esta forma de caída del cabello suele comenzar con un retroceso de la línea de nacimiento del cabello y un adelgazamiento en la coronilla, mientras que en las mujeres se produce más bien un adelgazamiento general del cabello en todo el cuero cabelludo, sin llegar necesariamente a la calvicie total. La velocidad, el patrón y la extensión de la caída del cabello pueden variar mucho de una persona a otra y dependen en gran medida de la predisposición genética.
El tratamiento de la alopecia androgenética puede ser difícil, pero a menudo implica medicamentos que bloquean la producción de DHT o hacen que los folículos sean resistentes a la DHT, así como procedimientos quirúrgicos como los trasplantes capilares. Como se trata de una enfermedad progresiva, el diagnóstico y el tratamiento precoces son cruciales para ralentizar o detener la caída del cabello.

