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La cutícula, a menudo denominada epidermis, es la capa más externa del tallo piloso, formada por varias capas de células planas y superpuestas. Esta capa protectora desempeña un papel crucial en la salud y el aspecto del cabello, ya que rodea y protege la parte interna del pelo, el córtex. El córtex es la parte principal del tallo piloso, que está formado por largas fibras de queratina y es responsable de la fuerza, el color y la textura del cabello.
La melanina, el pigmento responsable del color del pelo (y de la piel), se almacena en la corteza. Hay dos tipos de melanina: la eumelanina, que produce los colores oscuros del pelo, como el castaño y el negro, y la feomelanina, responsable de los tonos rojizos y rubios. La cantidad y el tipo de melanina determinan el color exacto del pelo.
Una cutícula sana refleja la luz, lo que da brillo al pelo. Las capas de cutícula dañadas o desgastadas pueden hacer que el pelo tenga un aspecto apagado y áspero, ya que no refleja la luz con eficacia. Además, una cutícula dañada puede permitir que los contaminantes externos y la humedad penetren en el córtex, provocando más daños, como roturas y puntas abiertas.
La caspa, una afección frecuente del cuero cabelludo, también puede afectar a la salud de la cutícula. Aunque la caspa afecta principalmente al cuero cabelludo, un entorno insalubre del cuero cabelludo puede provocar un cabello dañado y seco, al alterar la producción natural de grasa, que es importante para nutrir la cutícula y el tallo piloso.
Cuidar la cutícula y el tallo capilar es crucial para mantener un pelo sano, brillante y fuerte. Esto incluye proteger el pelo del calor excesivo, los tratamientos químicos y los daños mecánicos, así como utilizar productos destinados a retener la humedad y alisar la cutícula.

