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En dermatología, el efluvio se refiere a la caída excesiva del cabello, que puede tener diversas causas y suele referirse a un aumento del número de pelos que se caen o están en estado de reposo. Esta afección está estrechamente relacionada con la fase telógena del ciclo de crecimiento del pelo, una fase en la que el pelo deja de crecer y se prepara para la caída natural.
El ciclo de crecimiento del pelo consta de tres fases principales: la fase anágena (fase de crecimiento), la fase catágena (fase de transición) y la fase telógena (fase de reposo). Un pelo sano pasa la mayor parte de su vida en la fase anágena, seguida de una breve fase catágena, y después entra en la fase telógena, que dura unos 2 ó 3 meses. Al final de la fase telógena, el pelo finalmente se cae y empieza a crecer un nuevo pelo del mismo folículo, con lo que el ciclo vuelve a empezar.
El efluvio telógeno se produce cuando un número inusualmente elevado de pelos entra prematuramente en la fase telógena y se cae. Puede desencadenarse por diversos factores, como el estrés, los cambios hormonales, las deficiencias nutricionales, la medicación, la enfermedad o la cirugía. El resultado es una caída difusa del cabello, que puede afectar a toda la cabeza sin dejar calvas evidentes.
Aunque el efluvio telógeno suele ser temporal y el pelo vuelve a crecer con el tiempo y la eliminación de la causa desencadenante, puede suponer una carga emocional importante para los afectados. El diagnóstico y el tratamiento del efluvio tienen como objetivo identificar y abordar las causas subyacentes para normalizar el ciclo de crecimiento del cabello y evitar que siga cayendo.

