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El minoxidil es un fármaco que se desarrolló originalmente para tratar la hipertensión arterial, ya que tiene la capacidad de dilatar los vasos sanguíneos y, por tanto, reducir la tensión arterial. Curiosamente, al utilizar minoxidil para tratar la hipertensión, se descubrió que puede favorecer el crecimiento del pelo en algunos pacientes como efecto secundario. Basándose en esta observación, el minoxidil se siguió desarrollando y se aprobó como tratamiento tópico para promover el crecimiento del cabello y tratar su caída, en particular la alopecia androgenética, conocida como caída del cabello de patrón masculino en los hombres y de patrón femenino en las mujeres.
El minoxidil actúa directamente sobre los folículos pilosos mejorando la circulación sanguínea en el cuero cabelludo. Esta mejora de la circulación puede ayudar a revitalizar los folículos pilosos muertos o debilitados, lo que puede provocar un engrosamiento del vello existente y el crecimiento de vello nuevo. Es importante señalar que aún no se conocen del todo los mecanismos exactos por los que el minoxidil favorece el crecimiento del pelo, pero se cree que la dilatación de los vasos sanguíneos y la mejora asociada de la circulación sanguínea desempeñan un papel clave.
El minoxidil está disponible en varias concentraciones y formulaciones, como soluciones y espumas, y se aplica directamente sobre el cuero cabelludo. El tratamiento requiere una aplicación regular, a menudo dos veces al día, y pueden pasar varios meses hasta conseguir resultados visibles. Además, el minoxidil debe utilizarse de forma continuada para mantener los resultados de crecimiento capilar obtenidos; la interrupción del tratamiento puede provocar la reaparición de la caída del cabello.
En resumen, existe una clara relación entre el minoxidil y el tratamiento de la caída del cabello y el fomento de su crecimiento, lo que lo convierte en una opción popular para las personas que sufren ciertas formas de caída del cabello.
